Perfilado de sección

    • Hace poco, de viaje por alguna de nuestras islas, me encontré esta imagen... Me hizo pensar... Primero como creyente, después en cómo lo verían los turistas que entraban en aquella Iglesia o como entendería aquello el señor mayor que pedía a la entrada de esa misma Iglesia, o cuantos pasarían de largo por no ser para ellos significativo ni importante...

      Estoy de acuerdo en que los cristianos debemos aportar más para mantener nuestras iglesias, desde la casilla del IRPF, donativos a Cáritas o la colecta de la celebración de la Eucaristía, cuantas necesidades haya (y son muchas) en nuestra parroquia...

      Esta imagen en la entrada de una iglesia merece una reflexión. Se solicita una limosna y al mismo tiempo se distribuye (si es que realmente en su interior existe dicha distribución o si finalmente se hace un reparto en esos términos, sin dudar de la buena intención) El primero de la izquierda ha perdido la placa pero se parece que se ha escrito San Antonio y el último de la derecha Santa Rita. Encontramos cinco finalidades, todas al mismo nivel, es decir tan importante es el pan de los pobres como el culto al Santísimo como...

      No sé, no entiendo...  Dónde queda Dios en todo esto, o para qué necesita Santa Rita el dinero, o a dónde se destina el dinero del culto al Santísimo... Tal vez un solo lugar donde colectar limosnas, con un cartel llamativo y un panel que explique las necesidades de la parroquia, los gastos e ingresos de los que dispone, las ayudas que necesita... Nos haría a todos mas conscientes y solidarios... Seguramente San Antonio, Santa Rita, El Sagrado Corazón y por supuesto los más pobres estarían más felices y orgullosos de nosotros...

      Un día que vayas a una iglesia observa y sugiere al consejo parroquial que vea con otros ojos que imagen  del culto y las limosnas se da...

      limosnas

    • El tiempo congelado

      A veces tengo la sensación de que el tiempo como medida pasa a mi alrededor, pero a mi no me afecta. Si, lo típico, que además nos pasa con los niños y niñas al verlos crecer; los demás se hacen mayores pero yo, no. Es decirle a mi sobrina 'cuanto has crecido', 'que mayor que estás' y que educadamente te sonría y se te quede mirando como diciendo... 'y tu que viejo que pareces, anda que esas ojeras, y del pelo mejor no te digo... mejor te doy un beso y a lo mio...'. Uno se da cuenta cuando empiezan a llamarle abuelo sin serlo (o uno creo que aún no es el tiempo de serlo) o cuando va al médico y le dice... 'mire usted yo hace años que no vengo al médico y hasta ahora me encontraba perfectamente...' Y nuevamente el doctor te sonria y cambie de tema pero pensando por dentro; 'es que hace años usted era más joven, y ahora ya no...' Me gusta mucho más cuando se dice eso de 'desde que tuvo el bajón de azúcar ya no es el mismo' Y tanto, como le dió hace 10 años el bajón de azúcar... Y perdone usted, pero es el mismo de antes solo que con un bajón de azúcar y ¡10 años más! ¡Usted y él!

      Sucede más a menudo de lo que pensamos, como si el ayer de hace años fuera un ayer de hace horas. Estoy leyendo un libro nuevo - le dije. Mirar la portada y ver que es de 2010 (Puede ser nuevo para mi si no lo conocía o había leído... pero puede ser viejo para quien ya lo leyó cuando lo editaron). A estas cosas me refiero cuando vemos el tiempo congelado y seguramente todos y cada uno a nuestra edad vamos congelando partes del tiempo en el que vivimos. Piensa en alguna...

      El otro día estaba en una comunidad esperando para una reunión con un grupo de monitores, mientras hacia tiempo para la hora de la reunión, me puse a observar el revistero de la sala de comunidad. Había varias revistas y libros, casi todas religiosas...

      Entonces me di cuenta que había algunas de hace varios cursos. Como buen ser humano pensé bien, que es lo que debemos hacer siempre los hombres y mujeres de buena voluntad, pensar bien. Deben ser muy interesantes para que tras unos años sigan estando aquí, seguramente los temas que trate sigan siendo actuales... O tal vez, estén leyendo y usando los número más actuales en algún despacho o habitación, o se han pasado a la suscripción digital... A medida que ojeaba la revista empecé a pensar un poco menos bien... Seguramente les caducó la suscripción y el presupuesto no daba para nuevas revistas... Finalmente me invadió la idea del tiempo congelado. Cual arpa en la esquina del salón, que diría el poeta estaba el revistero... olvidado quizás por su poco uso, quizás por el poco tiempo disponible para pasar en la sala de comunidad y leer allí plácidamente alguna revista, quizás por que la tele ya daba toda la información necesaria, quizás más como un adorno heredado de antiguos inquilinos de la comunidad e ignorado sin ninguna mala intención por nuevos habitantes comunitarios...

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      Y amplié mi reflexión, en nuestra Iglesia doméstica (la parroquia, el centro, la comunidad... en la vida religiosa o en nuestro grupo cristiano, en nuestra pandilla, en nuestra vida de pareja o familia... ) qué habíamos congelado y paraqué, qué habría que empezar a renovar, actualizar, poner al día sin esperar que sean esos días los que nos actualicen, sin esperar las dosis de realidad temporal... pero igualmente sin perder la esencia, sin perder nuestra pequeña historia personal con minúsculas o nuestra historia institucional, social o humana con mayúsculas... Ya sabemos todos que cuando los alimentos se descongelan no hay que volverlos a congelar...

      Y me entró un escalofrío (ese día ciertamente hacía frío, pero esto fue interior, de dentro hacia afuera) estaría mi vida, mi comunidad parada en un espacio-tiempo sin medida, andaría mi fe viviendo en un tiempo irreal sin medida... Al volver a mi comunidad respiré aliviado al comprobar que no teníamos revistas tan antiguas a la vista, estaban bien almacenadas... pero, terror, toda una estantería de DVDs que nunca había usado apareció ante mi como un tesoro de épocas prehistóricas (pre-nube habría que decir) Más aún, en el almacén había también cintas VHS!... En la comunidad no recordaba haber visto nunca un aparato de video vhs... Finalmente las cintas fueron a un punto limpio y los DVDs al almacén, por si acaso... Pero, me mire a mi mismo. Seguramente hay cosas que hago como siempre recuerdo haberlas hecho e incluso alguna no recuerdo cuándo o por qué o para qué empecé a hacerlas, rutinas congeladas... y miré mi vida, mi fe, mi relación con el Dios de la vida, con la comunidad... Y decidí empezar a prescindir del congelador del tiempo, aviso que cuesta dejarlo... pero siempre es mejor la frescura de comenzar cada día como uno nuevo, cada semana con nuevas ganas mientras soy consciente de que crezco y envejezco con lo que me rodea, con una historía pasada, un presente en movimiento y un futuro por llegar. No es el tiempo el culpable, sino el modo como lo asumimos y vivimos.  Aunque lo congelemos seguirá su curso segundo a segundo, minuto a minuto...

      Te invito pues a mirar primero en tu salón, en tu cuarto,  bueno la foto congelada de tu primera comunión es un recuerdo y se permite (la cinta vhs de ese día ya va a ser que no), y luego en tu vida, en tu día a día, en lo que haces con rutina y en lo que te parece novedoso, en tu vida de fe, en tu forma de celebrar y vivir el evangelio... ¿Qué debes descongelar?